Quizás la tecnología digital haya relegado gran parte de la maquinaría utilizada hasta ahora en los cines; la película o celuloide ha sido reemplazada por archivos digitales de imágenes tratadas mediante un ordenador y enviadas al proyector de vídeo.
Lo que no ha cambiado, si el procedimiento se basa en proyección a distancia, es el resto de los elementos. Es decir, sea celuloide o digital, se precisa un objetivo para lanzar debidamente la imagen a la pantalla.
Para una mejor definición del objetivo y sus propiedades, vamos a situarnos junto al viejo proyector de 35mm del Teatro-Luis Rivera que se encuentra en la Sala del Cinematógrafo del Museo Municipal de Valencia de Alcántara.
La existencia de una amplia variedad de formatos de películas, determina a su vez igual número de lentes. Todas tienen su misión, aunque la más singular de todas (que no es una lente) es el objetivo Cinemascope.
El CinemaScope es un sistema presentado en los años 50 cuya particularidad está, al utilizar el cuadro estandar de las películas de 35mm, conseguir ampliar la pantalla hasta 2,66 veces más ancha que alta. Para lo cual se utilizaban, tanto en la filmación como en la proyección, lentes anamórficas.
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| Primera película en Cinemascope, 1953 |
No obstante, aunque hoy día se siguen precisando el uso de los objetivos como complemento del proyector, los avances tecnológicos también han simplificado la maquinaria y, para los proyectores de vídeo, están disponibles una gran variedad de modelos para cubrir las distancias; puesto que, para conjugar los diferentes formatos de pantalla, un solo objetivo equilibra todas las necesidades.
De hecho, el precio del objetivo equivale hoy día al coste de medio proyector, de ahí su importancia y atención si pretendemos equiparar en su medida el equipo que queremos instalar.






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