Ayer estuve con Jaime probando y ajustando todos y cada uno de los elementos que formaran parte a partir de ahora del nuevo medio de ocio y difusión cultural de nuestra Villa: EL CINE.
Poco hubo que hacer, porque Jaime es un gran profesional y cuando me llamó ya tenía todo dispuesto... no falta nada, todo está tal cual lo planteé: la pantalla grande, el proyector en la cabina, el sonido desde el escenario, las luces...
Mientras observaba la prueba en la gran pantalla, recordé cuando un año antes iniciamos el proyecto, allí mismo, con «Hotel Transilvania»; proyectándola sobre aquella minúscula pantalla cuadrada que colocó Juan Pedro y Severiano encima de dos sillas ¡qué horrible! Se lo dije: -esto no es cine, Juan Pedro; si queremos CINE, necesitamos una sala.- Aunque después, cuando empezó la película, la magia del cine hizo su efecto y todos los niños disfrutaron como en el CINE; porque el CINE es eso: MAGIA; un hechizo sutil que induce tus sentimientos y te hace soñar.
De niño jugaba con mis amigos al cine, con uno de mis juguetes más preciados y valorados el «Cine Max de Bianchi» y, como decía el eslogan publicitario que presentaba la caja del juguete: ESTE SÍ QUE ES UN CINE DE VERDAD. Sea como sea y donde sea, una vez que empieza la película, se inicia la magia y te olvidas del medio; lo mismo da una pantalla pequeña que una sábana. Pero... siendo posible, ¿por qué no hacerlo con estilo?
Ahora, por fin, en Valencia de Alcántara, podemos decir que ESTE SÍ QUE ES UN CINE DE VERDAD.
Hay algunos "flecos" que han quedado pendiente (las prisas de última hora). El marco de la pantalla no se ha pintado (de negro mate) y tampoco los travesaños traseros; están en aluminio (blanco brillo) y, dependiendo de la luz del proyector, se entreverán y, en ocasiones, provocarán reflejos; un contratiempo menor que tendrá fácil solución. Por lo demás está todo listo.
¡Ah! el TIMBRE también está. Cuando ya me iba, Jaime lo hizo sonar y por un instante me retornó a otros tiempos.
¡Que lo disfruten! La sala ha venido para quedarse y, a partir de ahora, se irá haciendo hueco y conseguirá estar presente en muchas de las actividades culturales que se programen en nuestra ciudad. La sala era una deuda de consideración y respeto al 7º Arte.
Que el CINE que conocimos no volverá, por supuesto; pero sí
surgirán fórmulas nuevas que con ilusión y buen hacer terminarán cuajando y entusiasmando;
la forma de ir será diferente, seguro, pero el disfrute colectivo ante la gran
pantalla será, como he dicho muchas veces, irremplazable.
Tomás Berrocal Magro


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