Siga atento a nuestra pantalla

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viernes, 28 de febrero de 2014

Al pan, pan y al vino, vino

La evolución tecnológica que estamos experimentando es de tal velocidad y con tanta diversidad de elementos que nos confunde.

Las propiedades de un ordenador como herramienta son indiscutibles. Desde sus comienzos se instituyó la necesidad de exteriorizar su pequeña pantalla para exponerlo a múltiples personas. Esta necesidad propició el nacimiento del “cañón” o proyector de vídeo; los cuales hoy día son usados mayoritariamente en salas de presentaciones, en conferencias y en aulas docentes.



Pero, he ahí la cuestión, no todo lo que se proyecta está pensado o tiene el mismo formato que el ordenador… como ocurre con las películas de cine.

Un cañón de vídeo al uso no vale como medio de proyección de películas. Tiene y debe ser un cañón sí, pero para cine.


El proyector que se ha venido usando para las películas en la Casa de Cultura, es un cañón pensado para imágenes de ordenador. Podrá tener buena calidad, pero su pantalla es 4/3 (cuadrada). 

Quizás con las películas antiguas o con determinados títulos creados en este formato tendría su encanto, pero nada más.

The Artist, 2011
Hoy día se ha generalizado el formato 16/9 (rectangular); es el mismo que utilizan los nuevos aparatos de tv y también uno de los más usados en la pantalla grande.  

Django desencadenado, 2012
Evidentemente el cañón hace lo que puede para este tipo de películas: fuerza la imagen (si no la queremos ver estirada), colocando dos enormes franjas horizontales arriba y abajo.


Esta proyección forzada propicia una perdida del 50% de las propiedades lumínicas del proyector, puesto que el cañón reparte su intensidad emitiendo también en las franjas negras; afeadas sobre todo en la oscuridad, puesto que nunca desaparecen. 


En fin, está todo por hacer. Empezar por el proyector y después todo lo demás.